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Microchips en las vacunas del coronavirus ¿Qué pensaría Carl Sagan?

2 Julio 2020
José Jiménez

¿Vacunas con microchips dentro? ¿conspiraciones internacionales? ¿Qué pensaría Carl Sagan? 

Artículo de opinión.

Hace unos años, quien escribe estas palabras se frustraba mucho con este tipo de noticias ¿Cómo puede la gente de verdad creer que alguien ha creado un virus en un laboratorio para después administrarnos una vacuna con un microchip para controlarnos? ¿está Bill Gates detrás de un complot secreto internacional? Las personas de ciencia nos frustramos con estas cosas porque dinamitan absolutamente todo lo que la propia ciencia promulga.

En un artículo publicado en Nature hace unos meses, Kristian Andersen, del Instituto de Investigación Scripps de California afirmaba que “Al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma de las cepas del coronavirus conocidas hasta la fecha podemos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales“.

Según los autores del estudio, las mutaciones en la proteína S y la estructura molecular del virus descartan que este haya surgido de un laboratorio.

“Si alguien buscase diseñar un nuevo coronavirus como patógeno, lo habría creado a partir de una estructura molecular de un virus que se sabe que causa enfermedades. Sin embargo, las características genómicas del SARS-CoV-2 difieren sustancialmente de las de los coronavirus ya conocidos, mientras que en su mayoría se asemejan a las de los virus hallados en murciélagos y pangolines”.

Entonces… si hay estudios científicos publicados, validados, revisados y verificados… ¿Por qué sigue Miguel Bosé diciendo que el coronavirus es un virus creado en laboratorio con la excusa de implantarnos nanorobots?

Carl Sagan

El famoso astrónomo y divulgador decía en su libro “El mundo y sus demonios”, que “el escepticismo no vende”.

En las primeras páginas, Carl Sagan describe una anécdota cuando un chófer lo recogió en el aeropuerto de camino a un congreso. Este chófer, aprovechando que como pasajero tenía a un reputado científico, comenzó a preguntarle sobre temas que iban desde extraterrestres en bases secretas del ejército americano, hasta la Atlántida, pasando por técnicas para comunicarse con los muertos.

Carl respondió a todo con paciencia infinita, a veces sintiendo que con cada respuesta arrancaba una parte otrora importante de los convencimientos y creencias de ese señor. Sin embargo, al cabo de un rato su parecer cambió totalmente y se dio cuenta de que la culpa no era del chófer, sino de la propia comunidad científica:

“El señor Buclkley, que sabia hablar, era inteligente, curioso y se había tomado la molesta de leer decenas y decenas de libros y artículos, no había oído prácticamente nada de ciencia moderna. Tenía un interés natural en las maravillas del universo. El quería saber ciencia, pero toda la ciencia había sido expurgada antes de llegar a él. A este hombre le habían fallado nuestros recursos culturales, nuestro sistema educativo y nuestros medios de comunicación. Nunca le habían enseñado a distinguir la ciencia real de la burda imitación”.

Carl Sagan no podía tener más razón. La culpa de que Miguel Bosé crea que el coronavirus fue creado para inyectarnos microchips no es ni siquiera de él, es nuestra. Cualquier persona que dedique su tiempo y empeño en leer sobre el coronavirus, su origen y su evolución (o sobre los ovnis, los fantasmas y la homeopatía) demuestra un interés nato por la ciencia, el problema es que la ciencia que llega a ellos no es tal, es basura. Y el problema es nuestro porque no hemos sabido poner la ciencia de verdad delante de esta gente con interés natural. En su lugar, hemos permitido que vendedores de crecepelo del lejano oeste tengan más y mejores espacios mediáticos en programas de audiencias millonarias en prime time, hablando de conspiraciones mundiales, de apariciones de muertos o de laboratorios donde se fabrican vacunas con microchips dentro, a veces incluso con la increíble desfachatez de revestir sus programas con un aire de veracidad científica que confunde a los espectadores.

Es por este motivo que estas noticias aparecen en cientos de webs o foros, o corren como la pólvora por redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. Sin embargo, este artículo contrastado de Nature que, tras analizar las secuencias conocidas del genoma del coronavirus y su composición proteica, afirma que el virus es de origen natural, apenas es leído por cuatro gatos… y desde luego suelen ser gatos que ya están bastante convencidos de que una vacuna no se hace para introducirnos nanorobots.

Así pues, si algo nos enseña esto, es que la divulgación científica es hoy día muuuuuuucho más necesaria que nunca. Avanzamos a un mundo de grandes posibilidades tecnológicas que brindarán impensables servicios a nuestra sociedad y, sin embargo, nos mantenemos ajenos a estos avances, centrando nuestro interés en conspiraciones y, perdón por la expresión, sandeces.

La culpa no es de Miguel Bosé, es nuestra, y para solucionarlo tenemos que empezar a redoblar esfuerzos en comunicar la ciencia, salir de nuestros laboratorios y revistas de divulgación y empezar a divulgar al gran público.

En AstroÁndalus nos han tachado a veces de “circo”, por organizar grandes eventos para llevar la ciencia a cientos de personas en vez de dedicarnos a investigar. Pues… que siga el show, porque hace falta.

 

José Jiménez Garrido – Director Ejecutivo de AstroÁndalus.

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