Los fuegos del cielo brillaron para nosotros

¿Saben ese momento en el que lo vivido y visto ha sido tan chocante que no sabe uno ni como comenzar a contarlo? Llevo 5 minutos delante del ordenador en la oficina, mirando la pantalla en blanco y cuando trato de darle forma a esta entrada solo puedo imaginar que esos fuegos del cielo se merecen una descripción tan electrizante… que ni siquiera se me ocurren las palabras para hacerlo.

Decir que ha sido un viaje mágico es quedarse corto, la pureza del ártico es ese tipo de pureza que por desgracia los humanos nos hemos encargado de esquilmar, hasta el punto de que pararse a observar enormes moles de roca surgiendo de profundos fiordos o llanuras infinitas cubiertas por nieve se convierte en una experiencia única, seguramente el ártico es de esos pocos lugares donde esta belleza se mantiene intacta, impoluta y que nos permite disfrutar de una naturaleza que se impone pura y altiva.

La sensación al llegar a Tromsø no es la de entrar en otro país, es la de entrar en otro mundo. Casas de madera de vivos colores que tratan de romper el blanco monocromático de la nieve, montañas enormes rodeando la ciudad y los pequeños barcos pesqueros atracando en su modesto puerto. Tromsø es, a pesar de todo, una ciudad  moderna y vibrante, con restaurantes, centros de ocio y una rica oferta cultural que incluye algunos de los museos que pudimos visitar.

Tromsø

Los primeros días en Noruega los dedicamos a empaparnos de la cultura y la gastronomía ártica (¡¡Dios mío que salmón más rico!!), no tuvimos mucha suerte con las nubes, que no nos permitieron ver las luces del norte, en cualquier caso la actividad solar estaba en mínimos según los datos científicos que consultábamos a cada instante.

Al tercer día nos desplazamos hasta la Laponia finlandesa, uno de los lugares de clima más extremos de la Tierra, Laponia nos quiso avisar de su fuerza y nos hizo encontrarnos con carreteras que apenas se veían, cubiertas de placas de hielo, ventiscas de nieve y algunos contratiempos más… esto es el norte del norte y aunque tengamos la falsa impresión de estar en la civilización, aquí las condiciones son duras, muy duras.

Finalmente llegamos a Kilpisjärvi (Finlandia), sencillamente un lugar de cuento, donde la gente va a hacer la compra en esquís de travesía, en trineo o en motos de nieve. Llamar a Kilpisjärvi un pueblo es bastante pretencioso, ni siquiera llega a una modesta aglomeración de casas de madera separadas por 2 metros de nieve en torno a una gasolinera y un pequeño mercado. Allí nos esperaban unas acogedoras cabañas de madera con sauna privada en cada habitación (y si, por supuesto que probamos eso de salir de la sauna y tirarnos de cabeza a la nieve, jejeje). Seguíamos teniendo mala suerte con las condiciones, esa noche estaba bastante despejado y pudimos ver las auroras, pero el Sol estaba “perezoso” y fueron de baja intensidad… los fuegos del cielo se resistían.

Laponia

Al día siguiente disfrutamos de algunas de las actividades de Laponia, como montar en moto de nieve a más 80km/h sobre un lago congelado o degustar una original hamburguesa de reno con salsa picante, más sauna y por la noche a la caza de las auroras. En todo el viaje fue por fin la primera noche que las pudimos ver relativamente bien, la actividad solar era de hecho muy elevada (rangos de tormenta solar tipo G1), así que volvimos a cruzar la frontera en dirección a Noruega en busca de algún claro en el cielo. Dimos con claros relativamente buenos que nos mostraron un espectáculo que nos hizo aplaudir y disfrutar de los fuegos del cielo, aún así seguía habiendo nubes altas y de hecho volvió a cerrarse el cielo completamente. La actividad era tan alta que las nubes se veían verdes ¡¡lo que tenía que estar sucediendo arriba!!

Al día siguiente fuimos hasta Suecia, visitamos algunos puntos de interés turístico, pero sobre todo la experiencia fue la de adentrarse en las profundidades de Laponia, donde llanuras infinitas con espesores de más de dos metros de nieve ni siquiera nos permitían salir de la carretera, la visión de kilométricas rectas rodeadas de nieve, la crudeza de Laponia, casas aisladas, carreteras cortadas, temperaturas de -9ºC… de hecho nos contaron que apenas tres semanas antes estuvieron a -27 y en invierno a -42ºC. Debido al espesor de nubes dedicamos la noche a cenar juntos y reírnos, contar historias, chistes y descansar.

Al sexto día regresamos a Tromsø, dedicamos el día a descansar un poco y hacer algunas compras. Por la noche disfrutamos de un crucero nocturno, una de las experiencias más originales del viaje, nuestro capitán era lo que se puede definir como un “auténtico lobo de mar”, un señor que nació en el mar, que se crio en un catamarán y cuyas historias y batallas con los mares del ártico seguramente darían para escribir un libro, de hecho, tanto el como su esposa viven en el barco todo el invierno. Nos prepararon una cena a base de bacalao pescado por ellos mismos, con patatas cocidas, salsa, cebolla y beicon.  Muchos de nuestros clientes coincidieron en que fue de los platos más deliciosos del viaje… tras los impresionantes menús del Radison Blu, de la gastronomía típica lapona y de los desayunos continentales, hay que decir que ese bacalao, servido en un humilde plato, rodeado de patatas cocidas con sal era deliciosamente exquisito, en mi vida he probado un pescado tan delicioso, no se como no nos vetaron la entrada al catamarán, porque nos debimos de comer varios kilos entre todos, estábamos tan absolutamente llenos que casi no pudimos degustar el pastel de chocolate casero, el café… las galletas… jajajaja. De hecho casi no nos importó que estuviera nublado y no pudiéramos ver las auroras ¡¡ese bacalao… ese bacalao… ummmmm!!

Nuestro último día de estancia en el ártico amaneció despejado, el cielo azul brillante, la nieve resplandeciente, miramos los datos y… ¡¡voilá!! ¿sería la gran noche la última de viaje? Alquilamos unas raquetas de nieve y dedicamos la mañana a visitar la preciosa isla de Sommarøy y a hacernos una sencilla ruta. Regresamos al hotel y acordamos cenar muy temprano, a las 17:30h teníamos delante de nosotros dos platos y postre, que remedio… hicimos el esfuerzo y entró. Al día siguiente salía nuestro avión de regreso a Madrid pero el pronostico era tan bueno para esa noche que hicimos el esfuerzo… al fin y al cabo si la noche cumplía lo que prometía dentro de unos años seguramente no nos acordaríamos del cansancio y las prisas sino de las auroras boreales.

Panoramica

Con el anochecer nos dirigimos a la isla de Kvaløya, el cielo lucía despejado y nada más bajarnos allí estaba, un precioso arco de luz cruzaba el cielo, no era muy grande pero brillaba bastante, nos volvimos locos haciendo fotos… pero pobres de nosotros, no nos imaginábamos lo que se nos venía encima.

Ese tenue arco de luz se volvió loco delante de nosotros, lentamente comenzó a desdoblarse, cortinas de luz empezaron a rodearnos, no sabíamos donde mirar, arriba, abajo, a un lado y a otro se repetía la escena: fuegos en el cielo, arcos de luz que se retorcían salvajemente, cambiando de forma, de lugar, de intensidad… cuando uno se apagaba aparecía súbitamente otro por encima de las montañas, momentáneamente el suelo se teñía de color verde, nos tumbamos en el suelo, nos hicimos fotos y nos recreamos como si tuviéramos 5 años, una experiencia mágica… pero no… aun no nos imaginábamos lo que se nos venía encima.

Cambiamos de posición hacía el Oeste buscando otras zonas y otros paisajes. Encontramos un fiordo rodeado de montañas y al bajar del coche el cielo literalmente estalló, casi no se veía el firmamento, sino una manta de luz verde que bailaba sobre nosotros, la nieve ya no era blanca sino verde, las fotos salían quemadas, parecía que había amanecido, cuando en un lugar se atenuaba la luz y comenzaban a verse las estrellas de fondo de repente aparecía una nueva cortina que se desplomaba hacia el suelo, las montañas parecían volcanes de luz, el suelo parecía brillar, los árboles se agitaban con sus ramas encendidas y nosotros no podíamos más que sentirnos privilegiados…

El gran show

Nos montamos en el coche, hicimos algunas paradas más de camino a Tromsø, estábamos a -12ºC, nuestro avión salía en pocas horas y estábamos agotados pero… ¡¡¿a quien le importaba?!! La naturaleza desplegó sus galas para nosotros, nos castigó con su crudeza los días de antes, ventiscas, frío, nubes… pero antes de irnos nos regaló un recuerdo de por vida.

En AstroAndalus.com no vendemos experiencias… compartimos emociones y fue un placer hacerlo con este grupo tan maravilloso, José Manuel, Lola, José Luis, Isabel, Salvador, Mari Carmen, José Gabriel, Pilar y Antonio, gracias por vivir esta emoción con nosotros.

Próximas fechas para el Tour “Los fuegos del cielo” en www.astroandalus.com

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